search instagram arrow-down

Yo no lo tengo tan presente, pero mi hermana del medio sí que lo tiene.

En las Crónicas del Ángel Gris, Dolina hace una diferenciación entre aquellas personas que creen en el amor, en los sueños, en la fe, y aquellas que, con una visión más fría y analítica del mundo, intentan encuadrar todo en estructuras científicas.

Los primeros son los hombres sensibles; los segundos, los refutadores de leyendas. En mi historia, mi mamá pertenece a este segundo grupo.

Crecer en una familia católica conlleva cierto rituales, especialmente cuando nos acercamos a Navidad: armar el arbolito junto al pesebre el 8 de Diciembre, asistir a la misa de gallo, preparar el vitel toné y, finalmente, abrir los regalos después de las 12.

En el mundo de los hombre sensibles, los chicos creen en Papá Noel, en los reyes magos, en príncipes azules y ratones Perez. En cambio, los refutadores de leyendas intentan a diestra y siniestra esclarecer la verdadera identidad de estos personajes, y, si es necesario, agregan detalles de cómo los padres colocan los regalos sobre el arbolito mientras sus hijos juegan en el patio.

Hay un momento en dónde los hombres sensibles toman conceptos de los refutadores de leyenda, y es acá cuándo la cosa se pone interesante.

Cuando esto sucede, los hombres sensibles intentan darle forma a estos personajes, muchas veces forma de un tío con algodón en el mentón y un gorro de navidad. El pecado de los hombres sensibles es no entender que estos personajes son verosímiles mientras viven en la imaginación de un niño de 5 años. Sería mejor dejar que la ilusión haga su trabajo, en vez de intentar darle forma a la imaginación.

Cómo dice Dolina, lo único que hay que hacer es sembrar la ilusión, después ésta crecerá sola. Si insistimos en mostrar al niño todo aquello cuya existencia postulamos, llegará un día en el que el niño nos exigirá que le mostremos un átomo o una esperanza. Y como no podremos hacerlo, ese niño no creerá en los átomos y en la esperanza.

A mis hermanas y a mi nunca nos hicieron creer en cuentos de hadas. Tampoco en un hombre gordo y de barba blanca que viaja en un trineo lleno de juguetes. Nosotros siempre supimos de dónde venían esos regalos. Eso era nuestro Santo Grial.

Mi hermana hubiese preferido que mi mamá jugara en el equipo de los hombres sensibles. Y yo, si ella me lo pidiera, me disfrazaría de ese viejo gordo y bonachón con el único fin de ver la felicidad en la cara de mis sobrinas.

Responder
Your email address will not be published. Required fields are marked *

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .

A %d blogueros les gusta esto: