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  • ¿Y si intentamos mirar los problemas desde otra perspectiva?
  • ¿Y si miramos más allá de lo que nuestras propias creencias, sesgos y experiencias nos muestran?
  • ¿Y si buscamos soluciones abarcativas en lugar de las reduccionistas?
  • ¿Y si nos preguntamos cómo podemos encontrar alternativas superadoras a las ya conocidas «estoy a favor de la vida» o «las mujeres tienen derecho a decidir sobre su cuerpo»?

Claro, claro que estamos a favor de la vida y por supuesto que las mujeres tienen derecho a decidir sobre su cuerpo. Pero el aborto, el aborto es otra cosa.

Según la Real Academia Española, abortar es «interrumpir, frustrar el desarrollo de un plan o proceso». Si lo aplicamos a nuestro caso, abortar es interrumpir, frustrar el desarrollo de un embrión. El aborto es interrumpir un proceso que tiene como fin último darle vida a un ser humano.

Fernando Savater expresa que no todas las opiniones son respetables. Sí lo son las personas, pero no todas sus opiniones. Permítanme robarle la idea por un momento. No se merece el mismo respeto aquella opinión que dice que dos y dos son cinco que la que dice que son cuatro. Y eso es aplicable a muchos contextos.

Algunos podrían caer en la tentación de refutarlo con el pretexto de que la matemática es una ciencia y que la ciencia no es opinable. En ese caso, hablemos de ciencia.

Según la ciencia, hay vida humana desde que el embrión existe. Por consiguiente, la interrupción de un embarazo es la interrupción de vida humana. Ciencia pura, sin religiones, ni creencias, ni sesgos.

Siguiendo el razonamiento, una ley que permite el aborto es una ley que permite la interrupción de vida humana.

Hay una falsa creencia de que la legalización es una forma de controlar lo que de otra forma sería incontrolable. Si lo pensamos cuidadosamente, nos daremos cuenta de lo peligroso de esta creencia, ya que nos puede llevar a lugares en los cuales posiblemente no quisiéramos estar. Entendamos esto, estaríamos permitiendo la interrupción de la vida humana.

Por otro lado, el argumento de que una mujer debe poder decidir sobre su cuerpo es un poco contradictorio en este caso. Si estamos hablando de que hay vida desde el momento en el cual el embrión existe, estamos aceptando de que al menos hay dos vidas humanas en la ecuación. Con la salvedad de que una de ellas no puede decidir. Este argumento busca empoderar al más fuerte y dejar sin posibilidad de acción al más débil.

Es importante recordar que los derechos de una persona terminan donde empiezan los derechos de los demás. Repito, claro que las mujeres pueden decidir, pero en este caso la decisión estaría avasallando los derechos de otro ser humano que, definitivamente, no puede decidir, por lo cual, la primera afirmación quedaría sin efecto.

El hecho de que miles de mujeres mueren por año a causa de abortos clandestinos y en condiciones precarias es una realidad que no podemos ni debemos ocultar. Hay que hacer algo, hay que accionar para evitar la muerte de cualquier ser humano. Sin embargo, cuando la solución propuesta para salvar una vida es la interrupción de otra u otras vidas humanas, acá ya no estamos tan de acuerdo. Incluso cuando no podemos ver aquella vida que estamos dejando de lado.

La frase «ojos que no ven, corazón que no siente» no aplica cuando hablamos de vidas humanas, es justamente por eso que estudios e investigaciones sobre el tema muestran que aquellas mujeres que han tenido que pasar por esa situación no recuperan su felicidad y su bienestar luego del aborto, por el contrario, la mayoría sufre daños psicológicos irreversibles.

Creo que hay que buscar soluciones al problema real, atacando la causa y no el resultado. El problema no es el embarazo, el embarazo no deseado es el resultado de varios otros problemas que no fueron debidamente tratados y que posibilitaron que esto sucediera.

Si el embarazo se produjo por una violación, hay un problema puntual que se debe atacar y está relacionado con la seguridad. Si el embarazo se produjo por desinformación, hay un problema puntual que se debe atacar y está relacionado con la educación. Es esta la forma en cómo los problemas deben ser abordados y tratados. Cuando se atacan los causales, las consecuencias se esfuman.

Debemos entender que el embarazo no es un problema de salud, por el contrario, el embarazo es muy saludable. No es el aborto lo que tiene que ser gratuito y seguro, es la educación de calidad la que tiene que ser gratuita y son las ciudades las que tienen que ser más seguras.

Busquemos soluciones alternativas e innovadoras que resuelvan problemas reales. El aborto es un tema demasiado complejo y sensible como para pretender resolverlo de una forma binaria.

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