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Hoy quiero oponerme a todos aquellos comentarios que afirman que los smartphones tienen los días contados. Lamento comunicarles, queridos lectores, que aquellos dispositivos de los cuales nos hicimos adictos ya ni siquiera cuentan sus días. Los celulares ya están muertos.

Si comparamos el iPhone lanzado hace dos años con el que será lanzado en septiembre próximo, las diferencias son muy sutiles y casi intangibles para la mayoría de los mortales. Lo mismo nos pasa si comparamos los últimos modelos lanzados por Samsung.

Nuevos procesadores, mejores cámaras de fotos, un diseño mejorado, incluso el reconocimiento facial no son características que marquen una nueva tendencia o que generen una nueva necesidad entre sus consumidores. La poca innovación nos muestra que el final del camino está cerca.

En agosto del año pasado, Nintendo lanzó Pokemon Go y obtuvo más de cien millones de descargas con un ingreso que alcanzó el billón de dólares. Un juego en el cual el celular hace de interfaz entre nosotros y una realidad aparente pero no real. Cazar Pikachus y Charmanders en el parque de la esquina o incluso en el escritorio de tu compañero de trabajo nos mostró una nueva realidad que hasta ese momento era desconocida por muchos.

El 4 de julio pasado, en el medio de las conmemoraciones del día de la independencia del país del norte, compartí a través de Whatsapp una foto a mi familia. No era una foto normal, era mi cara pintada con la bandera de los Estados Unidos. Inmediatamente, junto con las acusaciones que conllevan al caso, mis padres me empezaron a preguntar si lo que tenía en la cara era una máscara o si era realmente pintado porque, según sus propios razonamientos, era muy perfecta para ser pintura, pero muy superficial para ser una máscara. La sorpresa se la llevaron cuando les hice notar que ninguna de sus teorías eran correctas y lo que realmente veían en esa foto era un simple filtro de Facebook Messenger.

Siguiendo el mismo razonamiento, más de uno de ustedes han remplazado sus narices con unos hermosos hocicos de perro o sus orejas por unas de conejo, todo esto gracias a los filtros de Snapchat. Si no lo hiciste, seguramente te has sentido orgulloso de tus increíbles fotos en Instagram luego de aplicar uno de los mágicos filtros que hacen que quieras volver a ese lugar, pero que esta vez se vea como en la foto.

Estos pequeños detalles es solo el comienzo de lo que conocemos como realidad aumentada (AR, por sus siglas en inglés).

La AR es aquello que nos permite ver el mundo real, tal como lo conocemos, con información adicional.

Dentro de poco ya no necesitaremos de un guía turístico que nos cuente quién es ese hombre arriba del caballo en la Plaza Mayor de Madrid, la realidad aumentada nos permitirá acceder a esa información sin necesidad siquiera de hacer una búsqueda en internet.

Tampoco necesitaremos ir a una tienda para ver qué tan bien nos quedan esos zapatos, la realidad aumentada hará que podamos probarnos esos zapatos sin siquiera sacarnos los nuestros.

Viajar de noche por una ruta poco iluminada y sin señalización ya no implicará arriesgar nuestra vida ya que podremos ver las señales de forma incluso más clara que como podemos hacerlo hoy en las mejores autopistas del mundo.

¿Quién está trabajando sobre esto? En los pasillos de muchas empresas en Silicon Valley este concepto viene sonando desde hace ya largos meses.

Google con sus anteojos de realidad aumentada Glass, Microsoft con sus HoloLens. Mark Zuckerberg comentó en la conferencia anual de Facebook que están haciendo de la realidad aumentada una prioridad. Lo mismo está pasando en Apple donde Tim Cook puso a la AR en un nivel por encima de la ya más conocida realidad virtual.

Hoy en día hay más de 50 productos de realidad aumentada en el mercado, pero aún son demasiado grandes y caros para poder llegar a las masas, tal como lo hacen los teléfonos celulares.

Los teléfonos inteligentes seguirán existiendo por algunos años más, pero pronto irán siendo remplazados por lo que hoy conocemos como wearables (dispositivos electrónicos que podemos llevar puestos tales como los relojes o los anteojos), y la razón es simple, un teléfono no es la interfaz ideal para esto. Nadie se imagina ir manejando por la ruta mirando a través del celular. Ni siquiera ir al supermercado teniendo que estar con el celular en la mano para poder observar los detalles de los productos expuestos en las góndolas. Todo sería mucho más sencillo si este dispositivo ya lo tenemos incorporado, como es el caso de los anteojos.

Pikachus caminando arriba de un escritorio o escondiéndose detrás de un árbol y trompas de elefantes remplazando nuestra boca son solo el comienzo de esta nueva realidad que llegará sin siquiera ser percibida.

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